Tendencias de novia 2026 | Boüret

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Novias 2026: lo que está por venir (y por soñar)

En 2026, las novias no buscan un vestido. Buscan un reflejo.

Del momento que viven, de lo que sienten, de lo que quieren recordar toda la vida cuando miren una foto o se cierren los ojos.
La moda nupcial se aleja del artificio para volver al origen: a lo que sienta bien, a lo que emociona, a lo que conecta con el cuerpo y con el alma.

Y sin embargo, hay algo de revolución silenciosa en el aire. Porque vienen formas nuevas, viejos gestos recuperados y una paleta más suave, más humana. Todo apunta a una nueva elegancia, más auténtica y sin fecha de caducidad.

Estas son algunas de las señales que ya se dejan ver…

Las siluetas que se dibujan en el aire

Hay una vuelta clara al corsé, pero no como símbolo de rigidez, sino como estructura amable. Sutil, liviana, casi imperceptible. Se lleva visible o insinuado, con costuras marcadas, elevando el busto y abrazando la cintura con delicadeza.

Y hablando de cinturas… 2026 trae dos caminos: la cintura vasca, que enmarca el cuerpo con elegancia escultórica, y la cintura baja, más relajada, evocadora de los años veinte, perfecta para novias que desean flotar en lugar de caminar.

Las faldas, por su parte, se hacen grandes. No como exceso, sino como declaración. Volumen, capas, pliegues, dramatismo. Vestidos que hablan sin levantar la voz.
Y si hay duda entre dos estilos, que no cunda el pánico: los vestidos desmontables seguirán siendo una opción perfecta para quienes quieren transformarse durante el día sin perder coherencia ni magia.

El blanco ya no es blanco

Cada vez más novias huyen del blanco nuclear. Lo sienten lejano, frío, demasiado rígido.
En su lugar, el blanco roto, el marfil cálido, el champagne, el rosa empolvado o incluso un matiz humo ganan protagonismo. Son colores que acompañan, que no imponen, que suman luz sin borrar la piel.

Detalles que hacen latir el vestido

Las flores en 2026 no solo se estampan o se bordan: se alzan en 3D, como si florecieran directamente del vestido. Aplicaciones hechas a mano, pétalos que se mueven con el viento, relieves que se sienten incluso a distancia.
Junto a ellas, la puntilla fina, como susurros antiguos, aparece en puños, escotes, espaldas y velos. Una nostalgia reinventada que no pesa, solo emociona.

Y el drapeado —tan clásico, tan atemporal— se actualiza con fuerza: envolviendo el pecho, cruzando la espalda, acariciando la cadera. Como si el vestido fuera una segunda piel que se modela con el movimiento.

Y por supuesto, el espíritu boho, que lejos de desaparecer, se eleva. Ya no es solo natural o campestre: es sofisticado, poético, suave. Ideal para bodas al aire libre, íntimas o con personalidad propia.

Y al final… no es sobre tendencias

Porque la verdadera tendencia es esta: la libertad de ser tú.
De no vestirte como la novia que otros esperan, sino como la mujer que eres ahora. Con fuerza, con dulzura, con estilo. Sin copiar a nadie.
Y si el vestido te hace llorar — no porque sea bonito, sino porque te reconoces en él— entonces sí: es ese.

 En Boüret diseñamos vestidos que no disfrazan, revelan.

Vestimos desde la intuición, el detalle y la emoción.
Para que el día de tu boda no solo sea inolvidable, sino profundamente tuyo.

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